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Trastorno obsesivo-compulsivo: un intruso en nuestra cabeza

Inés es profesora de escuela y le encanta serlo, pues le gustan mucho los niños y estar permanentemente rodeada por ellos. Sin embargo, algo anda mal. De un tiempo para acá Inés se siente perseguida y acorralada por un enemigo que está en todas partes y que en cualquier momento puede atacarla: los gérmenes.

Inés siente verdadero pánico sólo con pensar que las personas que la rodean, incluso los niños, puedan contagiarla de alguna enfermedad grave con el simple hecho de tocarla o aproximarse a ella. Por esta razón, cada que puede, y que sin que nadie lo note, Inés corre al baño para lavarse vigorosamente las manos y así poderse sentir limpia y a salvo.

Pero eso no es todo, cuando llega a su casa, se cambia toda la ropa que lleva puesta y se da un baño que puede durar horas, todo con el fin de acabar con los gérmenes y bacterias que pueden hacerle daño. 

Por su parte, Juan tiene metida en su cabeza la idea de que, en un momento de descuido por parte suya, puede atropellar a alguien con su carro. Por eso nunca conduce tranquilo y se devuelve varias veces para asegurarse de que nadie se ha convertido en su víctima. De igual manera, a Gladys le atormenta la idea que en un momento determinado pueda perder el control y ataque con un cuchillo a su compañera de apartamento, aunque ella sabe muy bien que nunca lo hará. 

Cualquiera diría que Inés, Juan y Gladys están locos, pero no es así. En términos científicos, lo que padecen estas personas,  al igual que muchas otras, es un trastorno conocido como trastorno obsesivo compulsivo, el cual se puede definir como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes persistentes que toman por asalto la mente del individuo, provocándole ansiedad y malestar.

Las víctimas de este trastorno se pueden dividir en tres grupos: los lavadores (Inés), los  revisadores (Juan)  y los que presentan  obsesiones  puras (Gladys) que no se traducen en una acción o ritual explícito, como si ocurre con los dos primeros.

Este ritual es la acción ejercida por la persona para dar "alivio" a su obsesión. Por ejemplo, los lavadores son personas obsesionadas con la idea de que van a contraer alguna enfermedad por el simple hecho de exponerse al medio ambiente o entrar en contacto con otras personas. Para evitar esto, el individuo, muchas veces al día, se cambia de ropa, se lava las manos o se baña totalmente, y hasta lava todo lo que hay a su alrededor,  con fin de eliminar cualquier germen o bacteria que pueda dañarle.

Esta actividad es tan frecuente en la vida de un lavador que muchos de ellos tiene serias afecciones en la piel, debido a la permanente exposición de su cuerpo al agua y a los jabones. 

Otra obsesión que lleva a una compulsión o ritual es la que presentan los revisadores.  Estas personas se preguntan constantemente si han hecho o no algún acto en concreto, por ejemplo, apagar la estufa o cerrar la puerta con llave.

Esta incertidumbre los lleva, una y otra vez, a deshacer el camino andado para revisar si todo esta como debería. 

El caso de Gladys, aquí descrito, es el de las obsesiones puras que no llevan necesariamente a un ritual, pues nuestro personaje nunca ha intentado ni llegará a hacerlo, contra la vida de alguien.

Lo mismo ocurre con obsesiones relacionadas con fantasías sexuales u otros  impulsos de carácter agresivo.

 
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